Mientras avanzamos en nuestra escalera académica, el entusiasmo por el inicio de clases disminuye notoriamente. De niños, nos ilusionábamos con tener una nueva mochila o limpiar la vieja. Nos emocionábamos con las blancas e impecables libretas o al sacarles una punta perfecta a los lápices. Ahora que estás en la universidad, no hay mucho por arreglar y menos con la alegría de un estudiante de primaria. Sin embargo, quisiera invitarte a considerar algunos “útiles” que no deberían faltar en tu mochila espiritual. Te compartiré cuatro aspectos no físicos como una libreta, sino espirituales que podrían cambiar tu manera de vivir tu etapa estudiantil.

  1. Propósito

Cada período escolar es como una carrera, y nuestros ojos deben estar puestos en una sola cosa: la meta. Para un estudiante, esa meta es dejar atrás un semestre o la emocionante meta de vestir, por fin, la toga y el birrete. Ciertamente, lograr este propósito es maravilloso. Pero no es suficiente. Como cristianos, la carrera profesional no es la única que corremos (Fil. 3: 7-14; 1 Co. 9:24). El creyente corre para alcanzar una meta superior a graduarse: la semejanza a nuestro Señor Jesucristo. Ser semejantes a Él debe ser nuestro anhelo, gozo y corona. Buscando su semejanza, cumplimos nuestro verdadero propósito de dar gloria a su Nombre.

Por su gracia, podemos correr la carrera universitaria para su gloria. De hecho, ¿sabías que la gloria de Dios puede convertirse en tu más excelente estímulo al atravesar los “interminables” años de estudio?  Por la misericordia de Dios, puedes despertar cada día con motivación, sabiendo que vives y estudias para Él (1 Co. 10:31; Ro. 12:1-2). Haciendo esto, ¡cumplirás con tu mayor propósito aun antes de graduarte!

  1. Dependencia

El famoso concepto de “independencia” es característico de los universitarios. Para muchos, la universidad es la época donde salen de su hogar. Después de vivir toda su vida con su familia, ahora tienen que comprar el mandado, lavar su ropa, preparar el lonche, etc. En ciertos aspectos, nos volvemos muy independientes. Sin embargo, es peligroso dejar que el deseo de independencia caracterice todas las áreas de nuestra vida. El ambiente académico tiene la capacidad de ahogarnos en nuestro orgullo, distrayéndonos de la Fuente de Vida, que es Cristo.

Por el contrario, el concepto de “dependencia” es característico de un cristiano. Mientras que el orgullo nos independiza, la humildad nos acerca a Cristo (Sal. 51: 18). Su Palabra nos recuerda que sin Él no podemos hacer nada (Jn. 15:5). Así que, ¡lo necesitamos! Necesitamos la comunión con nuestro Padre. Necesitamos el alimento de su Palabra y la oración como el aire que respiramos porque solo Él puede satisfacerte y darte gracia para cumplir con tu propósito Por tanto, aunque tengas un horario escolar exigente, necesitas encontrar tiempo para tu relación con Dios. Búscalo de día, antes de tomar el bus. Búscalo en el camino. Habla con Él durante el día y al llegar la noche. Memoriza versículos. Asiste a la iglesia. Busca el consejo de hermanos mayores. Siéntete necesitado de la sabiduría de lo alto.  Sé dependiente, porque separado de Él no puedes hacer nada.

  1. Confianza

La vida estudiantil promedio es trágica. “Mañana es mi examen final”. “Un familiar se enfermó y estoy lejos”. “Se me acabó la quincena”. “No logro entender la materia”. “No encuentro trabajo”. “No tengo amigos”. “Ya voy atrasada con la colegiatura”. “Llevo tres días desvelándome”. Los infortunios están al pie de la puerta, y es muy fácil caer en la desesperación y la angustia. Cada situación difícil pone a prueba en qué estamos confiando. En otras palabras, en dónde se apoya nuestro corazón. Y, si ponemos nuestra esperanza en amigos o familiares, en el dinero, o en nuestras habilidades, nunca encontraremos la paz.

No obstante, David afirmó que la persona que confía en Jehová no tiene temor de malas noticias porque su corazón está seguro en Dios (Sal. 112:7, 8). Dependencia y confianza van de la mano. Confiar en Él significa dejar tu vida en las manos de un Dios sabio, amoroso y soberano. ¡Y no hay mejor descanso que eso! Aférrate a Él. Echa tu carga en los únicos hombros que pueden cargar con ella (1 P. 5:7; Sal. 115:11; Sal. 118: 8).

  1. Esfuerzo

Te entiendo. Los meses pasan y el ánimo no es el mismo. La flojera se contagia. Las vacaciones parecen una luz al final del túnel. Los memes no te ayudan. El maestro no es como esperabas. Las materias no son lo que esperabas. Las tareas no tienen sentido… Fácilmente, puedes llegar a ese punto del año en el que un 4 se ve tan aceptable como un 8. Y precisamente en ese momento es cuando debemos recordar nuestro propósito; ajustar la dirección del bote y remar con todas nuestras fuerzas, porque de seguro iremos contra corriente.

El esfuerzo fluye de una meta abrazada. Cobramos ánimo cuando tenemos presente nuestra meta. Esto aplica tanto al sacar la basura como al realizar el ensayo de 3 páginas para mañana. Además, si eliges el esfuerzo, gozarás de sus frutos. Proverbios dice que la diligencia es un tesoro que te permite alcanzar tus objetivos (Pr. 12: 27; 13: 4). Sin embargo, más allá de eso, Dios es digno de tu mayor esfuerzo.

CONCLUSIÓN

A pesar de lo difícil que pueda ser tu vida estudiantil, recuerda que la gracia de Dios es suficiente para cumplir con tu propósito de glorificarle. Equípate con estos útiles espirituales. Puesto que, cuando estudies esforzadamente para Él, confiando y dependiendo solamente de Él, recibirás mucha más satisfacción que la que te puede dar un título en tu mano.


Oriana Boyde nació en Puerto Ordaz, Venezuela. En el 2012, viajó a México para estudiar la licenciatura en Pedagogía en la Universidad Cristiana de las Américas, y, desde entonces, reside en el estado de Nuevo León. Actualmente, disfruta servir en el dormitorio de señoritas de la UCLA. Su padre, Eduardo Boyde, pastorea la Iglesia Bautista Central de Puerto Ordaz.