¿Alguna vez has visto una película de acción y te has preguntado cómo pueden disparar tanto y no herir a alguno de los actores? La respuesta es simple. En realidad, no están disparando. Están usando cartuchos de fogueo, cartuchos que tienen pólvora, pero no tienen balas. Se escucha como un disparo real. Se ve como un disparo real. Pero no tiene el impacto de un disparo real. ¿Por qué? Al carecer de la bala, nunca alcanza el blanco.

Tristemente, muchos pastores predican “sermones de fogueo”. Se escuchan como sermones reales. Se ven como sermones reales. Pero no tienen impacto real. Sus sermones nunca alcanzan el blanco. Los oyentes entran, semana tras semana, y salen sin haber sido impactados por la verdad de la Palabra de Dios. Pasa el tiempo sin que exista una transformación real en sus vidas.

Como pastores, esta realidad nos acongoja y nos frustra. A todos nos ha pasado en muchas ocasiones. Creemos que la Palabra es viva y eficaz, pero no hay resultados. ¿Por qué nuestros sermones no causan impacto? Hay varias razones que pudieran provocar “sermones de fogueo”. La falta de impacto pudiera deberse a un problema espiritual en nuestra vida, impidiendo que disfrutemos del poder del Espíritu Santo. Además, pudiera ser que estemos torciendo el texto de la Palabra de Dios, compartiendo nuestras ideas ineficaces en lugar de la transformadora Palabra de Dios.

Pero quisiera enfocarme en un problema bastante ignorado: Muchos sermones no tienen impacto porque carecen de enfoque.

Si analizamos muchos de nuestros sermones, notaremos que no tenemos una idea muy clara de lo que queremos comunicar, ni sabemos a quién se lo estamos predicando, ni qué queremos lograr en su vida con nuestro mensaje. Entonces, predicamos con mucha pasión; le damos vueltas y vueltas al texto bíblico; merodeamos por el contexto histórico; comentamos sobre algún dato exegético; llegamos al cierre del sermón y no sabemos cómo aterrizarlo; terminamos torpemente mencionando las mismas aplicaciones de siempre; y luego tomamos nuestro lugar sintiendo que, otra vez, no alcanzamos el blanco. ¿Te ha pasado? A mí sí, demasiado seguido.

¿Cómo podemos darle enfoque a nuestro sermón? ¿Cómo podemos “ponerle bala” a nuestros sermones? Hay tres elementos que permiten que nuestros sermones tengan un enfoque muy claro.

El sermón con enfoque (1) tiene un objetivo claro, (2) entiende la condición humana, y (3) comunica una proposición memorable.

Analicemos estos tres elementos.

  1. OBJETIVO CLARO

El objetivo del sermón define la respuesta o el cambio que el predicador quiere producir en la vida de sus oyentes.

Para encontrar el objetivo de un pasaje o libro bíblico, podemos preguntarnos lo siguiente:

  • ¿Qué quería el autor original para la vida de los lectores originales?
  • ¿Qué cambios quería producir en sus vidas?
  • Cuando yo predique este texto, ¿qué debería suceder en la vida de mis oyentes?

El predicador no inventa el objetivo del sermón, sino que lo encuentra cuando detecta la intención del autor original del texto bíblico. Por ejemplo, el autor de Hebreos tenía como objetivo que sus lectores perseverasen en su fe y no regresaran al judaísmo. Con este objetivo en mente, inicia su libro afirmando que la revelación que Dios ha dado en Cristo es superior a la revelación que dio a través de los profetas (a quienes los judíos veneraban). El autor muestra que es ilógico regresar a esa revelación inferior.

Al contestar estas preguntas, notaremos que el texto no siempre quiere producir un cambio de conducta. Pudiera buscar producir un resultado en estas tres áreas: cabeza, corazón o conducta.

  • Cuando el autor quiere enseñar doctrina bíblica o corregir errores doctrinales, el enfoque es la cabeza.
  • Cuando el autor busca generar actitudes de adoración, maravilla, horror, prioridades nuevas, o temor de Jehová, el enfoque es el corazón.
  • Cuando el autor busca generar un cambio de acciones en la vida de sus lectores, el enfoque es la conducta.

Cada uno de estos enfoques es válido dependiendo del texto específico. Lo importante es que encontremos el objetivo específico del texto que vamos a predicar.

  1. CONDICIÓN HUMANA

La condición humana (o condición caída) es el problema o la necesidad a la que se enfrenta el lector que este texto busca corregir.[1]

Por su condición caída, el ser humano no puede resolver este problema por sí solo. Para ello, necesita la gracia de Dios. Algún problema ocasionó que el autor bíblico escribiera una determinada porción bíblica. Por lo tanto, cada pasaje contiene (de manera explícita o implícita) una condición humana. Cuando encontremos la condición humana, el sermón tendrá una relevancia personal muy directa para la congregación.

Recientemente, prediqué el libro de Nahum. Pudiéramos pensar que un libro que anuncia la destrucción de Nínive, la capital de la antigua nación de Asiria tendría poca relevancia al creyente moderno. Sin embargo, al buscar la condición humana del libro, encontraremos que la nación de Asiria había llevado cautiva a las diez tribus del norte y amenazaba la nación de Judá también. En esa situación, el pueblo de Dios sentía incertidumbre sobre el futuro y dudaba de la fidelidad de Dios. ¿Cómo Dios podía permitir el éxito de esta malvada nación? ¿Cómo podía permitir que su pueblo sufriera tanto a manos de personas tan crueles? Al predicar el mensaje, expresé la condición humana de Nahum de la siguiente manera: el éxito del enemigo de Dios, especialmente cuando es a expensas del pueblo de Dios, nos provoca dudas, desconcierto y desánimo. Este problema que tenían los judíos del s. VII antes de Cristo seguramente es un problema al que se enfrentan creyentes de hoy tienen también.

Identificar y expresar claramente la condición humana permite que el oyente moderno se sienta identificado con el texto y quiera escuchar el sermón.

  1. PROPOSICIÓN MEMORABLE

La proposición es la enseñanza del pasaje y del sermón expresada en una oración memorable.

Si es un sermón deductivo, la proposición se presenta al final de la introducción, antes de entrar al bosquejo. Conviene repetir la proposición entre punto y punto, y también en la conclusión del sermón.  Esta repetición fijará la lección principal del sermón en la mente de la congregación y permitirá que recuerden la enseñanza. En un sermón inductivo, los puntos preparan el camino para la proposición, que se presenta cerca del final de sermón.

En lo personal, me gusta expresar la proposición en forma de verdad divina y respuesta humana.[1] Nuestro estudio del texto nos permite extraer la verdad que comunica y expresarla en la verdad divina de la proposición. Como parte de la proposición, también le indicamos a la congregación la respuesta que esa verdad exige de ellos. Usualmente, en mis sermones se escucha así: “Porque Dios…, tú debes…”.  En la verdad divina, hablamos de lo que Dios es (un atributo de Dios), hace (una obra de Dios) o dice (la revelación de Dios). En la respuesta humana, indicamos lo que el oyente debe de creer (cabeza), valorar (corazón) o hacer (conducta) porque ahora conoce la verdad divina. Normalmente, encontraremos una relación casi directa entre el objetivo y la respuesta humana en la proposición.

Si relacionamos estas tres ideas, veremos lo siguiente. La condición humana expresa dónde está la congregación al momento de iniciar el sermón. El objetivo expresa dónde debe estar la congregación si responde correctamente a la verdad del texto. La proposición resume la verdad del texto que motivará a la congregación a dejar su condición actual y acercarse a donde deben estar.

Apliquemos estos tres elementos a Hebreos 1:1-4.

  • Condición humana: ¿Dónde están los lectores originales? ¿A qué problema o necesidad se enfrentan? Están siendo tentados a regresar al judaísmo.
  • Objetivo: ¿Qué quiere lograr el autor original? ¿Qué efecto quiere generar en ellos? El autor busca que sus lectores perseveren en su fe en Cristo.
  • Proposición: ¿Qué dice para lograr que ellos dejen de dudar y perseveren en la fe? La revelación de Dios en su Hijo Cristo es superior a cualquier revelación anterior.

Al entender estos conceptos, estamos a un paso relativamente sencillo de darle enfoque al sermón. La condición humana explica la relevancia del sermón. El resumen de la verdad del texto nos sirve para formar la verdad divina de la proposición. Y el objetivo del sermón nos ayuda a definir la respuesta humana.

CONCLUSIÓN

En mi propio ministerio de predicación, he encontrado que cuando dedico tiempo a desarrollar estos tres elementos, mis sermones tienen enfoque y son de alto impacto espiritual. Cuando me olvido de estas cosas, los sermones deambulan por la iglesia sin impactar vidas. Al final del día, reconocemos que dependemos del poder del Espíritu Santo para que nuestros sermones sean de algo impacto espiritual. Sin embargo, reconocemos que el Espíritu obra a través de la predicación de la Palabra. Y estos conceptos nos pueden ayudar a desarrollar sermones de alto impacto espiritual y no predicar “sermones de fogueo”.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (He. 4:12).


[1] Estos conceptos los aprendí de Bryan Chapell en Christ-Centered Preaching, un excelente libro sobre la predicación. Tristemente, no está en español.