Si hay más de 31,100 versículos de la Biblia, ¿puede su mensaje resumirse en cuatro palabras? La teología bíblica ayuda a contestar que sí.

¿Qué es la teología bíblica?

La Biblia es un libro de libros, una biblioteca de obras individuales que narran un mensaje único. El estudio que busca trazar el mensaje de la Biblia en su desarrollo histórico se llama la teología bíblica. Este título no se refiere a un esfuerzo por garantizar que las doctrinas (la teología) concuerden con las Escrituras (que sean bíblicas), sino a una disciplina muy específica. Es un método que sigue el flujo de la historia de la Biblia y nota cómo todo contribuye al mensaje global. Es una “reflexión teológica” sobre los dos testamentos que enfatiza “una unidad teológica aunque su forma combina dos secciones diferentes (los dos testamentos), cada una con una voz única”.[1] La teología bíblica traza el avance de la historia de la redención libro tras libro, buscando conexiones naturales en el texto para llegar a un entendimiento de lo que la Biblia trata en conjunto. Intenta ver cada libro y sección como un elemento que contribuye a una unidad completa. Si has escuchado la frase “la historia de la redención”, has escuchado algo de la teología bíblica, porque ese es el resumen de la Biblia entera. En cuatro palabras, la Biblia es la historia de la: creación, caída, redención, restauración.

¿Cómo es diferente de la teología sistemática?

Tal vez un contraste con la teología más conocida, la teología sistemática, ayudará a entender qué es la teología bíblica. Con frecuencia vamos al texto con preguntas como: “¿Qué enseña la Biblia sobre el bautismo?”, o “¿Cuál es la doctrina de la Trinidad y dónde se enseña?” Estudiamos todos los pasajes relevantes y sistematizamos una expresión de la doctrina: la teología sistemática. Por contraste, en la teología bíblica leemos el texto para encontrar los temas que el autor bíblico trata. Si el autor bíblico no habla sobre el bautismo o la Trinidad, estos temas no se incluyen en nuestro estudio. También, la meta es enfatizar lo que la sección misma enfatiza y trazar las ideas principales de una sección a otra. En la teología sistemática no es tan importante cuándo se menciona la doctrina que estamos viendo porque toda Escritura es inspirada y la doctrina es válida no importa cuándo se haya escrito. Pero en la teología bíblica estamos escuchando la historia de la Biblia entera, y, entonces sí, el desarrollo cronológico de un tema es importante de notar. La teología bíblica está ligada muy de cerca con la exégesis (o interpretación del texto), y debe ser entendida antes de empezar a sistematizar conceptos teológicos. En este sentido, la teología bíblica tiene una prioridad sobre la sistemática.

¿Cuál es el resumen de toda la historia bíblica?

Primera palabra: CREACIÓN. Toda buena historia comienza con una breve introducción en la que se presenta las personas involucradas, dónde viven, y cuál es su situación. Luego entra un problema, un conflicto, que amenaza la situación original. La historia se trata de restablecer la paz original. Hay múltiples conflictos sucesivos hasta llegar a un punto culminante, normalmente cuando el héroe vence al malo. Entonces, hay una breve  descripción del estado final en el que las personas, gracias al conflicto, están aún mejor que en el inicio.

Así es con la Biblia. Génesis 1 y 2 describen al protagonista principal, Dios, quien es rey del mundo que Él crea para el hombre. Crea al hombre a su propia imagen para que sea su representante con el fin de reinar sobre la creación (Gn. 1:26). Pone al hombre en un santuario donde puede disfrutar de su presencia (Gn. 2:15). El lugar es perfecto y el hombre, Adán, está en paz (descanso) con la creación y los demás (su esposa). Adán reina sobre todos los otros habitantes de la tierra y sirve a Dios guardando el santuario (Gn. 2:15) y multiplicando los adoradores (Gn. 1:28). Puede mostrar su amor sumiso al obedecer la única prohibición: no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. El reino de Adán está bajo la autoridad de la palabra de Dios (Gn. 2:16-17).

Segunda palabra: CAÍDA. El agente de Dios no se somete a su palabra sino que confía más en la palabra de Satanás. Al comer del fruto prohibido, Adán llama el mal, bien, y el bien, mal. Usurpa el derecho divino de determinar qué es bueno y qué es malo (Gn. 3:1-6). Las consecuencias son inmediatas y eternas. Intenta cubrir la evidencia de su pecado (Gn. 3:7) y, por primera vez, teme y se esconde de Dios (Gn. 3:8–10). La armonía que tenía con Dios, con su esposa, y aun con la creación está rota. Dios le castiga echándole del santuario y de su presencia (Gn. 3:22–24).

Tercera palabra: REDENCIÓN. En su justicia, Dios castiga al hombre, pero, en su misericordia, promete que un Campeón derrotará al enemigo. Sin embargo, el Vencedor será herido en su victoria (Gn. 3:15). El resto de la Biblia, desde Génesis 3 hasta Apocalipsis 20, relata la lucha entre la simiente de la mujer (Cristo y los suyos) y la simiente de la serpiente (Satanás y los suyos). Esta es la historia de la Biblia. Las demás historias son parte de la gran historia: cómo Cristo vence a Satanás, redimiendo al hombre (y la creación) y restaurando todo lo que se perdió.

Cuarta palabra: RESTAURACIÓN. Al final de la Biblia, el plan de Dios triunfa. En la cruz de Cristo, Satanás es vencido, el hombre redimido, y la creación restaurada. Apocalipsis 21 y 22 terminan con la descripción de la Nueva Creación en la cual no hay ningún pecado ni consecuencia suya. El hombre redimido tiene paz con Dios, con los demás hombres, y con la creación misma. Pero el postrer estado del hombre es mejor. Dios ya no pasea cada tarde con el hombre (Gn. 3:8), sino que trae su santa ciudad y mora eternamente con el hombre (Ap. 22:3–5). Todo plan original de Dios para el hombre tiene éxito: por Cristo el reino del hombre es restaurado (Ap. 22:5).

El creyente hoy, igual que todo creyente de todo tiempo, es parte de la lucha entre las simientes. Muestra su fe en Dios al someterse a su Palabra, confiando que pronto vendrá el Campeón prometido a restaurar todo y que el propósito de Dios triunfará.

 


[1] Brevard S. Childs, Biblical Theology of the Old and New Testament: Theological Reflection on the Christian Bible (Minneapolis: Fortress Press, 1993), 64.