¿Es posible que una chica sea una virgen —que nunca haya besado a un chico, ni permitido que le toquen— y aun así sea impura? ¿Es posible que ella haya evitado el uso de la pornografía y que nunca haya tenido un pensamiento lujurioso, y aun así no sea pura?

Debido al mundo sexualizado en el que vivimos, hemos llegado a igualar “pureza” con “pureza sexual”. Ha habido un necesario clamor de los líderes espirituales para resistir y huir del pecado sexual, en el cual nuestro mundo se deleita diariamente.

Pero, como en cualquier tema, debemos buscar todo el consejo bíblico y asegurarnos de no tener una “visión de túnel”. Creo que, hoy en día, existen jóvenes que se creen muy espirituales y puras simplemente porque no participan en pecados sexuales. ¿Cómo describe la Biblia la pureza? ¿Qué lugar debe tener la pureza en nuestras vidas, y cuál es el camino por el cual se debe perseguir?

Cómo te ve Dios: Pura  

Primero, es importante entender que, cuando Cristo nos salva, nos lava del pecado. Tito 2:14 dice que Cristo “se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio”. Podríamos llamar esto “pureza posicional”. Si has puesto tu fe exclusivamente en Cristo y su obra de redención en la cruz, y te has arrepentido de tus pecados, Dios te ve como parte de su pueblo puro, lavado, y regenerado. Por esto, debemos “renunciar la impiedad” y vivir en este siglo “sobria, justa, y piadosamente” (Tit. 2:12).  

Pero, Dios no quiere dejarnos ahí solo con “pureza posicional”. Él desea que conozcamos la gran bendición de experimentar santidad y pureza en cada área de nuestra vida. ¿Por qué digo que es una “gran bendición”? ¡Porque no hay nada mejor que vivir en intimidad con Dios! Cuando crecemos diariamente en pureza, aquellos estorbos a nuestra intimidad con Él van siendo quitados, y podemos acercarnos más y más a la imagen de Cristo que Él va formando en nosotros.  

Lo que Dios quiere hacer: Purificarte

En la Biblia, vemos muchas áreas de la vida, aparte del gran énfasis en lo sexual, que deberían caracterizarse por la pureza.  

Pureza de fe. Dios desea que desarrollemos una “fe no fingida” (1 Ti. 1:5). Él quiere ir quitando todo lo que estorbe a tu fe genuina que tienes en Él y en su obra.   

Pureza de corazón. Mateo 5:8 dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. Dios sabe que lo mejor para ti es verlo a Él. Un corazón limpio y puro facilita tu conocimiento de Él.  

Pureza de pensamiento. El famoso versículo de Filipenses 4:8 expresa lo que Dios desea para nuestras mentes y pensamientos: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Pureza de deseos. La gracia de Dios nos enseña que “renunciando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tit. 2:12).  

¡Todo esto suena genial! Pero, ¿cómo se logra?

Purificación a la manera de Dios  

Dios no nos deja a nuestras propias maniobras para conseguir lo que Él desea en nuestras vidas. Él deja muy clara la manera en que se consigue el andar en pureza.  

Por andar en la Palabra:  “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Sal. 119:9). La herramienta principal de santidad y pureza en tu vida será la poderosa Palabra de Dios. “Guardar” da la idea de estar atento y obedecer. No es solo sentarte en una predicación con la mente media enganchada. Debes leer, memorizar, escuchar, meditar y obedecer la Palabra de Dios. Este es el camino a la pureza.   

Pidiendo la obra de Dios: El salmista una vez más nos instruye con su ejemplo. “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal. 51:10). Dios es el que tiene que constantemente limpiar y renovar nuestro corazón, y Él desea que clamemos pidiéndole que haga esa obra en nosotras.   

Practicando la confesión constante: 1 Juan 1:9 debe ser un versículo memorizado y practicado múltiples veces al día por cada creyente. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. La confesión es vital para la pureza diaria.  

La pureza es un tema amplio que permea todas las Escrituras. Te animo a estudiarlo para entender cuánto podemos reflejar el hermoso carácter de Dios cada vez más al buscar la pureza y santidad en cada área de la vida.


Una versión de este artículo fue publicado en Aviva Nuestros Corazones.