Seguro has escuchado esto: “Si hay algo seguro en esta vida, es que vendrán problemas, tendrás pruebas…”. Y quizás tú, al igual que yo, sigues reaccionando con sorpresa cuando llega la prueba. Un ser querido enfermo, dificultades económicas, pleitos familiares, trámites sin solución, crisis nacionales, desastres naturales, etc. Las malas noticas abundan y, en los primeros minutos en que llegan, nos sorprendemos, nos llenamos de temor y sentimos debilidad en todo nuestro ser. Las emociones se expresan como si fuera la primera vez que vemos una dificultad. Pensamos que es injusto. Pensamos que así no debería ser la vida, nuestra vida.

Hace un año, en medio de muchas dificultades, el Señor me llevó a un estudio del libro de Filipenses: la carta del gozo escrita en plena adversidad. Pablo sufría y al mismo tiempo se gozaba. No podía entenderlo. Quería hacer lo mismo, pero no lo entendía. Al avanzar en el estudio, el Espíritu Santo martilló mi corazón y abrió mi entendimiento a través de su bendita Palabra. Aprendí tres cosas:

1.- La solución es recordar para quién vivo.

Pablo expresa que su vivir es Cristo (Fil. 1: 21), su meta es Cristo (Fil. 3:9, 14) y, como resultado, su gozo es Cristo en cualquier circunstancia (Fil. 1:18; 3:1; 4:4).

Así que, la solución no se encuentra en saber qué hacer ante los problemas, sino en recordar para quién vivo. Mientras yo construya una vida alrededor de mí, buscando mi “felicidad”, siempre me sorprenderán las pruebas. Siempre me quedaré inmóvil y decepcionada de la vida. Sucumbiré a la tristeza de no tener dinero, no poder salir de vacaciones, o no tener muchas amigas. Pensaré que todo lo difícil que llega a mi puerta es un estorbo. Creeré la mentira de que la vida debería ser tan bella y cómoda como en las fotos de famosos en Instagram.    

Buscar la comodidad es una mentalidad opuesta al cristianismo. Pablo dice que Jesús “por todos murió, para que los que vivan, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (1 Co. 5:15). El creyente no busca lo suyo propio, sino “lo que es de Cristo Jesús” (Fil. 2:21). Lucha contra sus propios deseos vanidosos. Vive para Cristo y su gozo es Cristo en cualquier circunstancia, porque reconoce que en cualquier circunstancia que corramos a Él, Él será glorificado y anunciado (Fil. 1:18).

2.- Las pruebas son un recuerdo del sufrimiento de Cristo.

En medio de su sufrimiento, Pablo recordó la humillación y el sufrimiento de Jesús:

“[Jesús], siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:5-8).

Puedo recordar lo que dice un antiguo escrito:

“El Getsemaní es un seguro perpetuo de que, si Dios permite el sufrimiento, no es por falta de amor”.

Puedo conocer a Cristo en medio del sufrimiento. Si este sufrimiento es por causa de su nombre, puedo alegrarme de ser un compañero suyo y de parecerme un poco más a Él.

3- La vida es una bella neblina.

La has experimentado, ¿no? Gris, triste, no te deja ver, te confunde y te desorienta. Dentro de la neblina, es fácil de olvidar que también es bella y disfrutable, llena de regalos celestiales. Lo más hermoso y consolador es que la vida, al igual que la neblina, no dura para siempre. De hecho, Santiago nos recuerda que la vida es momentánea, pasajera: “Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Stg. 4:14).

Pablo entendía la brevedad de la vida y la realidad del cielo al que pertenecía. Esto le daba firmeza y confianza en la neblina:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados” (Fil. 3:20–21; 4:1).

Las pruebas son pasajeras; nuestra eternidad en el cielo no lo es. Es más fácil vivir la humillación momentánea cuando recordamos que Él nos revestirá de gloria.

CONCLUSIÓN

Un examen correcto de nuestras vidas —que evalúe nuestros actos, pensamientos, motivaciones y metas— es un paso necesario para prevenir la sorpresa y el temor ante las pruebas. Solo en Cristo y por su gracia hay confianza, seguridad, valor y gozo en cualquier circunstancia. ¿Recuerdas el vivir para la eternidad? ¿Recuerdas el sufrimiento de Jesús? ¿Recuerdas para quién vives?


Oriana Boyde nació en Puerto Ordaz, Venezuela. En el 2012, viajó a México para estudiar la licenciatura en Pedagogía en la Universidad Cristiana de las Américas, y, desde entonces, reside en el estado de Nuevo León. Su padre, Eduardo Boyde, pastorea la Iglesia Bautista Central de Puerto Ordaz.