El Señor me ha dado la oportunidad de ministrar en una pequeña obra en Cazones de Herrera, Veracruz. En este lugar, la mayoría de las personas viven del campo y muchos de ellos no saben leer ni escribir. Sin embargo, Dios en su gracia hizo que el Evangelio llegara hasta este lugar, donde ahora hay una pequeña comunidad de creyentes verdaderos.

UNA IGLESIA SIN ESTUDIOS

Cuando llegué aquí, después de estudiar la licenciatura en Teología en la Universidad Cristiana de las Américas, varias preguntas venían a mi mente todos los días: “¿Cómo predicarles a personas que apenas estudiaron la primaria? ¿Cómo explicar grandes conceptos teológicos a hermanos que no saben leer o escribir?”.

Ante este mismo reto, muchos predicadores han optado por una predicación pragmática, predicando solo principios simples y pasos sobre cómo debemos vivir. Algunos más dicen que es mejor predicar únicamente las historias de la Biblia, ya que las personas sin estudios se sienten más atraídas por las narraciones que por las largas explicaciones. Otros simplemente prefieren una predicación muy superficial sin tocar temas doctrinales profundos.

Pero el verdadero problema no es la falta de estudios en las iglesias. El problema es que los pastores tendemos a pensar que la falta de estudios incapacita intelectualmente a las personas para entender la Biblia. Mike McKinley dice: “Según mi experiencia, la falta de educación por lo general tiene menos que ver con la inteligencia que con los factores propios del entorno”.[1]

EL EJEMPLO DEL APÓSTOL PABLO

Cuando vemos la vida del apóstol Pablo, observamos que predicó en una amplia gama de contextos culturales: aldeas, ciudades portuarias e, incluso, ante la más alta élite del gobierno romano. Al final de sus viajes misioneros, mientras se despedía de los ancianos de Éfeso en Mileto, hizo un resumen de su ministerio:

“De ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida (…) para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. (…) Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios (Hch. 20:24, 26-27).

Pablo estaba determinado a ser fiel al Evangelio, y la manera de hacerlo era anunciar “todo el consejo de Dios”. Esto aplicaba para las grandes ciudades portuarias, pero también para las aldeas remotas del primer siglo. Y eso es lo mismo que necesita una iglesia en la metrópolis de Monterrey o una pequeña obra en Cazones, Veracruz. Todos, en todo tiempo, necesitamos todo el consejo de Dios.

No debemos diluir, modificar o amputar el Evangelio glorioso de Cristo. Esto implica predicar toda la Biblia, lo cual aboga por la predicación expositiva. Todo el consejo de Dios incluye no solo las partes narrativas o fáciles como los Salmos y Proverbios, sino también los libros que representan un reto mayor como Levítico, los profetas, Romanos o Hebreos. En resumen, todo el consejo de Dios.

Es verdad que necesitamos sabiduría para enseñar todo el consejo de Dios de una manera que todos lo puedan entender. Sin embargo, no debemos pensar que los miembros pobres, analfabetas o de edad avanzada de nuestra congregación no pueden entender la Biblia.

EL EJEMPLO DEL SEÑOR JESÚS

Pensemos brevemente en el ministerio del Señor Jesús. Muchos de sus discípulos no venían de un contexto religioso o intelectualmente elevado. La mayoría de ellos eran pescadores “sin letras y del vulgo” (Hch. 4:13). Sin embargo, ellos habían abrazado el Evangelio de Cristo de tal manera que los principales ancianos y sacerdotes se maravillaban, reconociendo “que habían estado con Jesús” (Hch. 4:13). ¿Cómo obtuvieron tal pasión por y conocimiento del Evangelio? El Señor Jesús les había predicado todo el consejo de Dios. Encontramos un ejemplo de esto en el resumen que les hace a los discípulos en el camino de Emaús: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían (Lc. 24:27).

CONCLUSIÓN

Quisiera concluir con tres aplicaciones:

  1. Predica todo el consejo de Dios en dependencia del Espíritu Santo. Al final, será Él quien nos guíe a “toda la verdad” (Jn. 16:13) y el que convence de pecado, justicia y juicio (Jn. 16:8). Aun los discípulos no entendieron muchas cosas que Jesús les había dicho hasta la venida del Espíritu Santo.
  2. Predica todo el consejo de Dios con humildad. Debemos recordar que lo que hemos recibido ha sido por la gracia de Dios (1 Co. 15:10). Así como lo hizo con nosotros, el Señor sigue llamando de lo vil y lo menospreciado del mundo (1 Co. 1:28). Si Dios nos ha permitido a nosotros comprender la Biblia, puede hacer lo mismo con toda nuestra congregación.
  3. Predica todo el consejo de Dios con paciencia. “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero” (2 Ti. 2:6). Predicar todo el consejo de Dios requerirá esfuerzo y paciencia, pero tenemos la confianza de que la Palabra nunca vuelve vacía.

Así que, hermanos, seamos fieles a nuestro llamado, predicando todo el consejo de Dios a todo creyente en los diferentes contextos donde el Señor nos ha puesto.


[1] Mez McConnell & Mike Mckinley, La iglesia en lugares difíciles (9Marks), 130.


Ernesto Mendoza, originario del Poza Rica, Veracruz, estudió la licenciatura en Teología en la Universidad Cristiana de las Américas, donde conoció a su esposa Alma. Actualmente, reside junto con ella y su hijo en Cazones de Herrera, Veracruz, donde pastorea la Misión Bautista Elohim. Ha sido enviado por la Iglesia Bautista Emanuel de Poza Rica, Veracruz.