Con una alarmante frecuencia, se escuchan las noticias de otro pastor que ha renunciado al ministerio por algún escándalo personal. Tropiezos. Caídas. Abandonos. Blasfemia sobre el nombre de Cristo. Cuando esto sucede, a menudo nos preguntamos: ¿Qué sucedió? ¿Qué los llevó a tropezar?

Seguramente, no encontraremos una sola razón que explique todas las situaciones. Cada ex pastor tiene su propia historia con sus matices y raíces en lo más profundo de su corazón. Aun así, podemos identificar ciertas piedras que han causado la caída de muchos pastores. En México, se dice que los pastores caen por la lana (el dinero), la dama, y la fama. Otros lo expresan así: las finanzas, las faldas y la fama. Pero hay muchas razones más.

Quisiera darte una lista de piedras que han hecho tropezar a ex pastores que yo conozco.

DIEZ PIEDRAS

  1. Inmoralidad sexual. Esta es la más escandalosa y conocida piedra. Puede ser la pornografía, el adulterio o incluso la homosexualidad… Muchos pastores han escondido sus hábitos sexuales que los terminan descalificando del ministerio.
  2. Vida familiar. Muchos pastores han dedicado toda su atención al ministerio y han descuidado sus familias. Algunas esposas, que no han recibido la atención de su marido, han caído en adulterio con hombres atentos. Otras esposas han caído en depresión o se han enfriado espiritualmente al grado que su vida ha causado la renuncia de sus esposos. Muy a menudo los hijos de pastores sufren la negligencia de sus padres. Por algo se dice: “Hijo de pastor, lo peor”.  Cuando el pastor incumple con el requisito del apóstol Pablo de gobernar bien su propia casa, queda descalificado del ministerio (1 Ti. 3:4; Tit. 1:6).
  3. Avaricia. Cualquier persona puede amar el dinero, y los pastores no son la excepción. Algunos pastores han robado dinero de la iglesia. Se justifican pensando que la iglesia no les paga lo suficiente o que ellos se lo merecen por ser los siervos de Dios. Otros hombres no han robado dinero de la iglesia, pero han renunciado al ministerio y se han lanzado por el lucro (Jud. 11), buscando ganar más dinero en otras profesiones. Algunos pastores han perdido el respeto de la congregación al exigir un aumento tras otro. Seguramente, el amor al dinero es raíz de todo tipo de mal y trae muchos dolores, incluso para pastores (1 Ti. 6:10).
  4. Finanzas de la iglesia. Los problemas con el dinero no se limitan a la avaricia. Muchos pastores han caído de sus pastorados por no ser sabios al manejar el dinero de la iglesia. Desatienden buenos principios financieros. Despilfarran el dinero de la iglesia. Acumulan deudas que la iglesia no puede pagar. Algunos hablan de “tener fe” para justificar sus decisiones, pero, en este tema, la línea entre la insensatez y la fe es muy delgada. He visto a varios pastores, ejemplares en muchas áreas, renunciar a sus iglesias por haber metido a la iglesia en problemas económicos.
  5. Impaciencia pastoral. Satanás ha diseñado a medida esta piedra para pastores jóvenes. El nuevo pastor llega con toda la energía del mundo. Observa las deficiencias de la iglesia. Sabe lo que quiere cambiar. Y mete el acelerador a fondo… pero la iglesia no está preparada. Hermanos de la iglesia empiezan a incomodarse y luego a quejarse. Entonces, el pastor impaciente los ve como obstáculos en el camino, en vez de ovejas del rebaño. Su falta de paciencia y gentileza pastoral crea desconfianza y contienda en la congregación. Pablo instruye al pastor a ser manso y usar la enseñanza como su herramienta de progreso eclesiástico (2 Ti. 2:24). 
  6. Error doctrinal. Este error no es tan sonado como otras causas, pero sí sucede. Conozco casos donde misioneros cristianos se han convertido al catolicismo o al budismo. Pastores han adoptado doctrinas heréticas sobre la Trinidad o, incluso, el teísmo abierto. Debemos tener cuidado de la doctrina (1 Ti. 4:16).
  7. Apostasía. En los últimos meses, hemos leído y escuchado de varios pastores o líderes cristianos que han abandonado al cristianismo. La trayectoria de cada una de estas personas es diferente, pero el resultado es trágico. Estos abandonos no eran desconocidos en el Nuevo Testamento. Himeneo y Fileto naufragaron en su fe (1 Ti. 1:18-19) y el apóstol advierte que esto sería cada vez más común (1 Ti. 4:1).
  8. Cansancio y desánimo. Quizás este es el asesino silencioso de muchos ministros. La crudeza del ministerio, las exigencias del pastorado, las expectativas de la congregación… son una carga dura. Además de todos sus sufrimientos (2 Co. 11:23-27), Pablo tenía que cargar con el cuidado de las iglesias (2 Co. 11:28). Sin embargo, sabía que la gracia de Dios basta y que el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad (2 Co. 12:9). Muchos pastores desatienden esta lección, siendo presas del cansancio y el desánimo. Y por ello renuncian.
  9. Carácter personal. Cuando uno lee los requisitos pastorales en 1 de Timoteo 3 y Tito 1, el número de requisitos que se centran en el carácter personal destaca sobre los requisitos que se centran en la habilidad. El carácter del pastor es de mayor importancia que su capacidad. Si el pastor no recuerda que, ante todo, es un hombre de Dios (1 Tim. 6:11); si no cuida de sí mismo (1 Ti. 4:16); si no desarrolla las cualidades de carácter que conocemos como el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23); no podrá perseverar en el ministerio. Con el paso del tiempo, las grietas en su carácter se abrirán y todo se vendrá abajo.
  10. Orgullo. Quizás todos las demás piedras encuentran sus raíces en esta. Cuando el pastor es orgulloso, piensa que lo sabe todo y se vuelve impaciente. Siente que no necesita cuidar su vida moral; cree que se merece mejores posesiones y más dinero; y considera que sus opiniones son las mejores, así que no se somete a las Escrituras. Pero las Escrituras advierten que el pastor no puede ser soberbio (Tit. 1:7), sino un siervo humilde (Hch. 20:19) y manso (1 Ti. 6:11; 2 Ti. 2:25; Tit. 3:2). Con tantas redes sociales, el orgullo pastoral se demuestra en la ambición de ser reconocidos y famosos dentro del mundo evangélico. Pero, al final, la prepotencia de muchos pastores los ha llevado a caer.

Al leer esta lista y hacer memoria de nuestros amigos y conocidos, pudiéramos deprimirnos. El camino está regado con los cuerpos caídos de los que, alguna vez, fueron nuestros compañeros de milicia. Sin embargo, no debemos llenarnos de desánimo. Estas advertencias nos deben motivar a tener mucho cuidado de nosotros mismos y de la doctrina (1 Ti. 4:16).

¿Cómo podemos distinguir las piedras en el camino antes de caer?

CUATRO CONSEJOS

  1. Cultiva tu andar personal con Dios. La lectura bíblica regular para tu propio crecimiento personal es indispensable para tu perseverancia cristiana y ministerial. Una autoexaminación profunda y penetrante nos protege (2 Co. 13:5). La oración que fija su atención en el Autor y Consumador de la fe te dará perseverancia (He. 12:1-2). La autoabnegación diaria de tomar tu cruz permitirá que le sigas todos los días de tu vida (Lc. 9:23).
  2. Dale atención cuidadosa a tu familia. Tu primer y más grande ministerio es tu propia familia. Pastorea sus vidas espirituales. Escucha a tu esposa. Prioriza tiempo con tus hijos por encima de oportunidades ministeriales. Si no cuidas a tu familia, te descalificas del ministerio (1 Ti. 3:4; Tit. 1:6).
  3. Desarrolla la humildad rindiendo cuentas. El pastor soberbio no quiere rendir cuentas, ya sea porque siente que no lo necesita o porque su orgullo no le permite reconocer sus pecados delante de otros. Pero la transparencia de confesar tus pecados ante otros (Stg. 5:16) te brinda la protección del cuerpo de Cristo. Cuando estás a punto de caer o ya has caído, tu hermano te puede ayudar (Gá. 6:1-2). Por andar solos, muchos pastores han caído y no hay quien los levante (Ec. 4:9-10).
  4. Adopta buenas prácticas pastorales. En los negocios, hay ciertas prácticas que han demostrado ser eficaces y se conocen como “buenas prácticas”. Una empresa sabia suele adoptar estas prácticas para tener un buen funcionamiento. Hay ciertas “buenas prácticas” pastorales que el pastor sabio debería adoptar. Algunas de estas prácticas son: (1) No manejes las finanzas de la iglesia. Encarga ese aspecto a diáconos confiables. (2) No des consejería a mujeres estando solos. Involucra a tu esposa u a otra persona preparada. (3) Ponles filtros a tus dispositivos electrónicos. (4) Acostúmbrate a pedir consejo de pastores más sabios y experimentados. (5) Sigue preparándote y estudiando. Lee libros; ve a conferencias; escucha podcasts… Esto evitará tu estancamiento personal y ministerial.

CONCLUSIÓN

Sin duda, el camino del ministerio está lleno de piedras que hacen caer a los pastores.

Si no eres pastor, te ruego que ores por tus pastores. Nos enfrentamos a retos enormes. Tus oraciones —y no tus críticas— pueden marcar la diferencia entre nuestra caída y nuestra perseverancia en el ministerio.

Si eres pastor, no te desanimes. Todos tropezamos a veces, pero no tenemos que caer en la ruina. Cristo ora por nosotros para que nuestra fe no falte (Lc. 22:32). Si caemos, nos restaura a la utilidad, como lo hizo con Pedro después de que lo negara (Jn. 21:15-17). Pero sobre todo recordemos que Él es poderoso para guardarnos sin caída y presentarnos sin mancha delante de su gloria (Jud. 24). A Él sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. ¡Amén! (Jud. 25).