Una de las cosas que siempre me ha asombrado de mí mismo es mi falta de deseo de leer la Biblia. No es tanto una falta de deseo de leer, sino la incapacidad de escoger mi Biblia sobre otras cosas.

Los muchos artículos publicados sobre este tema y mis conversaciones con otros creyentes me demuestran que no soy el único que lucha en esta área de su vida. De cierta manera, parece lo más ilógico del mundo. Nuestro maravilloso Dios se revela en su Palabra y nos dice que es más dulce que la miel. Y no la queremos leer.

¿Por qué es tan difícil leer la Biblia?

Hace unos dos meses escuché una conferencia del famoso pastor John Piper.[1]  Allí, él hizo una recomendación que me ha ayudado mucho. Invitó a sus oyentes a que todos los días, al leer la Biblia, lucharan hasta llegar a la comprensión y al deleite. Cuando escuché su sugerencia, se me “prendió el foco”. Muchos días leemos una porción bíblica de manera rutinaria sin esfuerzo alguno. No luchamos hasta lograr la comprensión y alcanzar el deleite en nuestro devocional. Nos conformamos con leer la Biblia mientras revisamos las notificaciones del celular, escuchamos música, vemos la televisión o conversamos con alguien. A veces, lo hacemos con prisa y con media mente pensando en las obligaciones del día. En medio de tantas prisas y distracciones, no llegamos a comprender el pasaje y, mucho menos, a deleitarnos en Dios. Pero nos sentimos buenos creyentes porque leímos la Biblia. Tristemente, este hábito revela nuestra enfermiza condición espiritual.

CUATRO CONSECUENCIAS DE NO LUCHAR POR EL DELEITE

¿Qué sucede cuando no luchamos por la comprensión y el deleite en nuestra lectura bíblica habitual? Hay por lo menos cuatro consecuencias.

  1. Nuestro corazón se vuelve frío y distante.

La apatía espiritual es la condición ordinaria de nuestro corazón. Allí vivimos. Aun cuando sí leemos la Biblia, nuestro corazón no tiene vida abundante. No podemos gozarnos en Dios porque no nos hemos deleitado en su Palabra. No hemos luchado por atravesar la neblina de la rutina apática y llegar hasta la comprensión y el deleite. Por eso, la llama nuestro amor por Dios se apaga lentamente.

  1. Intentamos llenar nuestro corazón con distracciones.

Al no comprender y deleitarnos en Dios por medio de su Palabra, recurrimos a satisfacer nuestro corazón con otras distracciones. Redes sociales, videojuegos, programas de televisión o películas, Pinterest, y memes corren como el agua para intentar llenar nuestro vacío interior. Cuando nos sentimos estresados y cansados, acudimos a estas cosas para encontrar paz y tranquilidad. Pero no nos pueden llenar. Solo el deleite en Dios lo puede hacer.

  1. Deleitarnos en Dios se vuelve más difícil.

Cuanto más tiempo pasamos en la frialdad y distancia espiritual, más difícil es avivar la llama del deleite en Dios. Las distracciones absorben todo el oxígeno de nuestro corazón, y ya no podemos encender la llama del deleite. Cual vehículo que no ha sido usado por mucho tiempo, la falta de costumbre hace que la batería de nuestro corazón se descargue. Cuando intentamos encender el deleite en Dios en nuestro corazón, giramos la llave pero solo escuchamos el “run-run-run” de un motor oxidado. Cuanto más tiempo pasamos sin deleitarnos en Dios más difícil se hace.

  1. Perdemos el poder de resistir el pecado porque se vuelve más atractivo.

El poder más grande contra la tentación es encontrar un deleite mayor en Cristo. Al no deleitarnos en Cristo, el pecado se vuelve cada vez más atractivo. Esto explica por qué muchos no conseguimos dejar hábitos pecaminosos a pesar de nuestros más sinceros propósitos de Año Nuevo. Si no encontramos un deleite mayor, el pecado siempre terminará ganando.

TRES EJEMPLOS BÍBLICOS

Este año no me fue muy bien en mi lectura bíblica. Me atrasé en mi plan de lectura y nunca logré ponerme al corriente. Al ser evidente que no alcanzaría mi objetivo con el habitual “esprint final” durante las vacaciones de Navidad, decidí leer las narraciones del nacimiento de Jesús poniendo en práctica la recomendación de John Piper. No leer por leer, sino luchar por la comprensión y el deleite. A pesar de ser pasajes conocidos, recibí grandes bendiciones y sentí un mayor aprecio por la época navideña. Pero además, me fascinó encontrar en estos pasajes tres ejemplos de personas que no se conformaron con la rutina, sino que luchaban por llegar a la comprensión y al deleite.

María es el primer ejemplo que encontré. Después de que los magos de Oriente adoraran al Niño y de que Jesús se quedara en el Templo debatiendo con los rabinos, Lucas afirma que María “guardaba estas cosas en su corazón” (Lc. 2:19, 51). Aunque la Reina Valera usa la misma palabra en los dos versículos, Lucas usa dos palabras griegas diferentes. En Lucas 2:19, la palabra griega significa “guardar” o “atesorar”. El gran valor que María le daba a estos eventos le llevó a meditar sobre estas cosas en su corazón (Lc. 2:19). No se contentó con simplemente experimentar las circunstancias y disfrutar de su nuevo bebé. Se esforzó por comprenderlo a través de la meditación. Más adelante, en Lucas 2:51, se usa una palabra que significa “mantener libre o despejado” o “abstenerse”. O sea, María mantenía su corazón libre de otras cosas porque estaba meditando en “estas cosas” (Lc. 2:51).

La respuesta de María contrasta con la de las demás personas de Belén. Al escuchar estas cosas, se maravillaron (Lc. 2:18). Se entusiasmaron y se asombraron, pero no lucharon por la comprensión y el deleite. Muchas de estas personas nunca más volvieron a pensar en lo que sucedió esa noche. Algunos, quizás lo recordaron de vez en cuando y se preguntaron qué habrá sido de aquel niño. Pero María atesoraba estas cosas y despejaba su corazón para meditar en ellas.

Simeón y Ana son los otros dos ejemplos que encontré. Ellos tampoco se conformaron con vivir vidas espirituales rutinarias. Estas dos personas ancianas habían dedicado su vida a Dios. De hecho, estaban en el Templo cuando José y María llevaron a Jesús para presentarlo. Simeón esperaba la consolación de Israel (Lc. 2:25). Ana había pasado décadas allí haciendo ayuno y oraciones, y tenía una red de amigos que “esperaban la redención” (Lc. 2:37-38).

Simeón y Ana no eran indiferentes como la mayoría de las personas. Los líderes religiosos no se molestaron en viajar los 7 kilómetros de Jerusalén a Belén. El mesonero no tenía lugar para Jesús. Los habitantes de Belén pronto olvidaron su asombro. En cambio, Simeón y Ana se dedicaron a luchar por la comprensión y el deleite. Y por ello, comprendieron los eventos que estaban sucediendo y conocieron al Mesías.

TRES RECOMENDACIONES PARA LUCHAR POR LA COMPRENSIÓN Y EL DELEITE

¿Cómo podemos luchar por la comprensión y el deleite? ¿Cómo podemos evitar ser uno más entre las distraídas masas que ni se dan cuenta de la obra de Dios?

No tengo una lista de reglas o pasos que debes seguir para lograrlo. No es tan simple. Cada persona es diferente. Pero te quisiera dejar con tres preguntas para que medites y luches por comprender cómo aplicarlo a tu vida.

  1. ¿Qué cambios debes hacer a tu horario para luchar por la comprensión y el deleite? La gran mayoría necesitamos un tiempo específico cada día (en el mismo horario y en el mismo lugar).
  2. ¿Qué distracciones impiden que te enfoques? Apaga las notificaciones. Desconéctate del internet. Busca un lugar callado donde puedas meditar. Cualquier cosa puede esperar si valoras tu tiempo con Dios.
  3. ¿Qué pasatiempos debes eliminar o limitar? Luchar por la comprensión y el deleite requiere tiempo. Como María, tendremos que despejar nuestro corazón de toda distracción.

CONCLUSIÓN

Para mí, mi mayor propósito para el Año Nuevo es simple: luchar por la comprensión y el deleite. Mi enfoque no está en leer cierto número de capítulos cada día (aunque sí tengo una meta en cuanto a ello). Mi objetivo es seguir el ejemplo de María, Simeón y Ana. Lucharon por la comprensión y el deleite en Dios. No quiero simplemente cumplir con mi meta de lectura bíblica para el año. Quiero atesorar la Palabra en mi corazón, despejando mi mente para poder meditar y deleitarme en ella.

En el 2019, no te conformes con la neblina de la rutina en tu lectura bíblica. Cada día lucha por la claridad que traen la comprensión y el deleite.


[1] Pueden ver la conferencia haciendo clic aquí o leer el artículo en inglés haciendo clic aquí.