Hay pocas cosas tan hermosas como escuchar una orquesta sinfónica tocando alguna de las grandes sinfonías de los grandes compositores. La 5ª sinfonía de Beethoven o la 41ª sinfonía de Mozart están en la cúspide de las experiencias sensoriales disponibles al oído humano. Sin embargo, existe una multitud de maneras para estropear una obra maestra. Las tres más obvias son estas: tocar notas incorrectas, tocar la sinfonía incompleta, o tocar con las dinámicas incorrectas (la variedad de volumen y expresión musical). De la misma manera, estas tres formas de estropear una sinfonía pueden echar a perder un sermón.

Quisiera notar tres errores que pueden estropear el ministerio de predicación de un predicador.

  1. Tocar las notas incorrectas

Imagínate que unos músicos inexpertos, intentando tocar una hermosa sinfonía, se equivocan de notas y no tocan aquellas que fueron escritas por el compositor. ¿Qué pasaría con la hermosura de la sinfonía? La obra maestra se echaría a perder. No tendrían que equivocarse con muchas notas. Si solo se equivocaran en la interpretación de una o dos notas claves en toda la pieza, sería suficiente para destrozar la presentación.

De la misma manera, los predicadores que interpretan incorrectamente la Palabra de Dios destrozan su ministerio de predicación. Tampoco tienen que equivocarse con muchas interpretaciones. Bastan dos o tres errores claves para echar a perder todo. Cuando pensamos en la predicación herética, notaremos que muchas de las “notas” son interpretadas correctamente. Solo cambian unas cuantas. Pero con esos pocos cambios, predican una herejía. Destrozan la enseñanza de la Palabra de Dios.

Pastor, ¿estás tocando las notas correctas? Creyente, ¿en tu iglesia se tocan las notas correctas? ¿Se interpreta cuidadosamente cada pasaje bíblico? Desde el púlpito, ¿se demuestra una sobria intención de explicar y aplicar el texto de acuerdo con buenos principios de interpretación? Una correcta predicación busca exponer todo lo que el texto dice (y solo lo que el texto dice). Un buen predicador es un simple expositor bíblico.

La predicación expositiva interpreta correctamente cada nota de un pasaje bíblico.

  1. Tocar la sinfonía incompleta

Sería ridículo que un director de orquesta al que le gustan las trompetas solamente tocara las porciones donde hay trompetas en una sinfonía. Eso no sería tocar la sinfonía. Sin duda, el oyente se perdería hermosas porciones de la pieza y no conocería realmente cómo es la obra. De hecho, no podría apreciar del todo las partes que tienen trompetas, ya que no entendería la función precisa que cumplen en la sinfonía completa.

Muchos predicadores cometen este error con una predicación temática y desequilibrada. Predican los temas que ellos creen que son importantes y los temas que les gustan a ellos. Evitan los temas que no les parecen tan importantes o que son incómodos para ellos. He escuchado predicadores que siempre predican sobre la santidad de Dios, otros sobre el ganar almas, algunos sobre la oración. Recuerdo una iglesia donde uno de los pastores casi siempre predicaba sobre el libro de Hechos porque le encantaba ese libro. Tristemente, los miembros de estas iglesias terminan con una perspectiva distorsionada de la enseñanza bíblica porque nunca son enseñados con “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27).

Por el contrario, la predicación expositiva consecutiva protege a la congregación de esta distorsión. Al avanzar sistemáticamente por los libros de la Biblia, el predicador se verá obligado a tratar muchos temas que no tocaría por su inclinación natural. Piensa en la diversidad de temas que un predicador trataría si predica expositivamente el Sermón del Monte (Mateo 5-7): la persecución, el evangelismo, el legalismo, la ira, las relaciones rotas, el divorcio y el trato con nuestros enemigos. ¡Y todos esos temas están en solamente el primer capítulo!

La predicación expositiva toca la sinfonía bíblica completa, predicando todo el consejo de Dios.

  1. Tocar las dinámicas incorrectas

En la música, uno de los componentes más importantes es la dinámica. No se tocan todas las porciones con el mismo volumen. Una línea melódica sube y baja en intensidad, y el músico experto sabe modular el volumen y el ritmo. Además, no todos los instrumentos tocan al mismo volumen simultáneamente. A veces, la línea musical requiere que los violines toquen fortissimo (muy fuerte) y las trompetas toquen pianissimo (muy suave). A veces, la pieza requiere que las trompetas toquen a todo volumen mientras que los violines están en el fondo. Una correcta combinación de dinámicas puede hacer la diferencia entre un concierto mediocre y un mágico momento musical. Si cada vez que tocan las trompetas el director exige que toquen muy fuerte, destrozarían la hermosura de la sinfonía. Entonces, una orquesta puede tocar las notas correctas y arruinar la sinfonía por no tocar todas las partes en su proporción correcta.

El pastor que no guarda el equilibrio en su énfasis al predicar puede distorsionar la enseñanza de la Palabra de Dios. Cuando un predicador predica temáticamente, fácilmente distorsiona la enseñanza bíblica porque tiende a sacar pasajes de su contexto. Como a él le interesa solamente cierto aspecto que observa en un pasaje, lo presenta sin considerar el contexto del versículo. Para el predicador temático, es fácil usar un versículo para justificar su argumento en lugar de darle al texto el énfasis que su contexto indica.

La predicación expositiva protege al predicador contra este error porque busca enseñar el punto del texto en su flujo y contexto bíblico. Sin embargo, el predicador expositivo también puede cometer este error. Pudiera ser que al predicador le gusta el tema de la soberanía de Dios. Entonces, en cualquier pasaje donde aparezca el más mínimo indicio del tema, lo resalta de manera exagerada. Sin duda, en algunos pasajes la soberanía de Dios es el enfoque y debería “tocarse fortissimo”. Pero en otros pasajes, es un tema menor que debería “tocarse pianissimo“, como un acompañamiento del tema principal del pasaje. Debemos tener cuidado de no distorsionar el hermoso equilibrio de la Palabra.

La predicación expositiva consecutiva modula las dinámicas, manteniendo el equilibrio en la sinfonía bíblica.

CONCLUSIÓN

La sinfonía de las Escrituras nos recuerda que la exposición consecutiva es la mejor manera de predicar. Nos protege de tocar solo nuestros temas o pasajes favoritos. Y, aunque no garantiza que no distorsionemos la enseñanza del pasaje, es nuestra mejor alternativa. Con sumisión al texto bíblico y un buen proceso hermenéutico, la predicación expositiva nos permite ser más leales a las Escrituras que cualquier otra metodología de predicación.

Permitamos que la hermosura de la sinfonía de las Escrituras resuene desde nuestros púlpitos cada domingo. Todos sus pasajes bien interpretados. Todos sus temas bien conectados. Todo su contenido en la proporción precisa. El maravilloso resultado cautivará el corazón de los hombres y las mujeres en nuestras congregaciones para la gloria de Dios.


Posdata: un ejemplo práctico

Recientemente, me tocó predicar sobre el libro del Nahum. El profeta anuncia la destrucción de Nínive en términos vívidos y severos. En contraste con otros profetas, hay muy poca mención de la bondad de Dios y la restauración que traería a Judá. En todo el libro (47 versículos), solamente cinco versículos hablan de esa restauración. Nahum menciona la bondad de Dios en solamente un versículo. El énfasis del libro de Nahum, obviamente, cae sobre el juicio severo de Dios sobre Asiria.

Este énfasis incomoda al predicador que quiere ser popular en el siglo XXI. La mayoría de estos predicadores “populares” nunca predicarían Nahum porque lo consideran un libro deficiente, vengativo y nacionalista. Si lo hicieran, se enfocarían casi exclusivamente en los pocos pasajes “bonitos” del libro, ignorando los aspectos “feos” del pasaje. Pero si, al predicar la profecía de Nahum, no haces el juicio severo de Dios el enfoque de tu predicación, estás distorsionado el mensaje. Claro, podemos enfatizar la bondad de Dios para Judá. Podemos —y quizás incluso deberíamos— culminar el sermón recordando que Dios demostró su bondad derramando su ira sobre Cristo. Pero el énfasis del texto es el juicio severo de Dios. Por tanto, ese debería ser el énfasis de cualquier sermón sobre Nahum.