Este artículo proviene de “Meditaciones del Evangelio para Mujeres”, un devocional de 31 días que puede adquirir en Church Works Media.

LEE 1 CORINTIOS 7:1-24

“Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer (…) pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos” (1 Co. 7:13-14).

En la congregación que pastoreo, varias mujeres están casadas con hombres que no creen en Jesús. Esta es una situación muy difícil. Sin embargo, es alentador recordar que, hace dos mil años, mujeres cristianas se encontraban en la misma situación. Es aún más alentador saber que Dios inspiró palabras para mujeres que se encuentran en esta circunstancia.

En 1 Corintios 7:8-16 Pablo da consejos matrimoniales a tres grupos diferentes de creyentes. Primero, aconseja a creyentes que han quedado viudos a permanecer solteros de ser posible (1 Co. 7:8-9). Si buscan casarse, Pablo, más adelante en el mismo libro, insiste en que se casen solo “en el Señor” (1 Co. 7:39). Segundo, ordena que los matrimonios creyentes no se divorcien (1 Co. 7:10-11). Tercero, escribe a los que están en “matrimonios mixtos” (creyente con inconverso) a permanecer en ese matrimonio, de posible, por el beneficio espiritual del esposo inconverso (1 Co. 7:12-16). Nos enfocaremos en cómo este último consejo se aplica a esposas creyentes.

Nota que Dios exige a la creyente que permanezca casada con su esposo no-creyente mientras que él consienta. ¡Pablo da una orden absoluta a la esposa creyente en esta situación: “No lo abandone” (1 Co. 7:13)! Aparentemente, algunos creyentes en la iglesia de Corinto estaban usando sus creencias religiosas como un escape de una relación difícil. Con las leyes poco exigentes de divorcio en nuestra cultura, incompatibilidad de convicción religiosa ciertamente sería una salida fácil. No obstante, Pablo prohíbe a los creyentes pensar que la fe en el Evangelio se puede usar como excusa para el divorcio.

Ser cristiano es contagioso.¿Por qué una creyente no debe buscar divorciarse? La respuesta se da muy claramente en el versículo 14. La creyente no debe dejar a su esposo porque ella tiene un efecto santificador sobre su esposo inconverso y sus hijos. El texto dice: “el marido incrédulo es santificado en la mujer”. ¿Qué significa esto? El hecho de que el inconverso es santificado no significa que es salvo por asociación. Más bien, el significado básico de “santificar” es “separar”. En otras palabras, el esposo inconverso es separado para la atención especial del Señor; y esto no aplica solo a tu esposo; también aplica a tus hijos. Como John MacArthur escribe: “un creyente en el hogar trae gracia a todo el hogar” (Primera Corintios, 166). El esposo inconverso necesitará confiar en Cristo por su cuenta para poder ser salvo, pero se le ha dado la bendición de una influencia cristiana constante en su hogar. (Desde que escribí este devocional en 2009, me he regocijado con varias hermanas por la conversión de sus esposos. Ser cristiano es contagioso, y hombres inconversos se han estado “contagiando” de sus esposas. ¡Gloria a Dios!).

Esposa cristiana, ¿atesoras este versículo? ¿Realmente crees estas palabras? ¿De verdad crees que el Dios del universo ha apartado a tu esposo inconverso y a tus hijos para tu especial atención? ¿Realmente crees que conoce a tu familia por nombre y que ha seleccionado a tu esposo e hijos? Esta realidad debe aumentar tu fe. Debe darte osadía en tus oraciones por tu esposo; y debe animarte a buscar una piedad silenciosa y atractiva (1 P. 3:1) que descansa en un sentido profundo de la presencia de Dios contigo y su atención hacia tus familiares inconversos.

Permite que el Evangelio aumente tu dedicación a tu esposo. —Joe