Estábamos afuera sentados bajo la sombra de unos grandes árboles. En el evento de la biblioteca comunitaria, estaba en la parte de atrás de un grande grupo de madres e hijos.

La mujer justo frente a mí tenía un hijo de unos 3 o 4 años. En algún momento, se acercó a ella y, sin motivo alguno, le pegó en el brazo.

Luego le miró a la cara (y, lo reconozco, yo también estaba mirando). Esto es lo que quedó muy claro:

  • Él estaba fuera de control, y, en alguna parte de su pequeña alma, lo sabía.
  • Ella estaba molesta por su agresión.
  • Ella se sentía avergonzada por el contexto.

Sonrió de manera forzada y poco natural e intentó redirigir su atención al programa que habíamos ido a ver.

Su hijo merodeó por el lugar por otros 2 minutos, determinado a NO prestar atención al evento que su madre le había traído a ver, y luego regresó y le pegó, más fuerte, en el mismo lugar.

Ahora, era evidente que ella estaba furiosa.

Él lo sabía.

Ella lo sabía.

Yo lo sabía.

Pero ella miró a su alrededor, fingiendo una sonrisa y desconcertada por sus acciones, y dirigió su atención vagamente hacia la presentación al frente y continuó ignorándole.

Pero no solamente lo estaba ignorando.

Estaba ignorando su “radar de mami”.

Tres o cuatro veces, pasó lo mismo. Merodeaba un rato por el lugar, regresaba y le pegaba de nuevo. Ella continuaba usando su ineficaz combinación de sonreír fingidamente, ignorarle y/o intentar distraerle.

Y luego regresó y le pegó más duro que nunca.

La mano de la mamá voló como relámpago y agarró el brazo de su hijo, apretándolo hasta que grandes lágrimas salieron de sus ojos. Intentó escaparse, sin resultados. Ahora la ira de la mamá estaba controlando la situación. Con enojo, fuerte e insistentemente le susurró algo en el oído.

Él no estaba prestando atención a lo que ella decía.

Es probable que ni ella estaba prestando atención a lo que decía.

Esto era venganza, no disciplina.

Aunque es probable que sus metas iniciales fueran:

  • Disfrutar el evento.
  • Evitar la vergüenza.
  • Y quizás (me imagino, dada su popularidad y los primeros intentos de la mamá confundida-y-enojada-pero-intentando-mantener-una-sonrisa) algún tipo de “crianza positiva”.

En realidad estaba enseñándole a su hijo que podía hacer lo que quisiera (no prestar atención), además de sistemáticamente dañar lo más posible a la mujer que amaba, hasta que ella llegase a su punto de quiebre.

Ella, en cada interacción, entrenaba a su hijo a ser un monstruo.

Cuanto más tiempo paso criando hijos —considerando tanto las cosas que hago bien y las que hago mal—, me queda más claro el siguiente principio:

Un niño aprende de su madre cómo debe tratar a las mujeres.

  • ¿Una mujer que le ama le dejará intimidarla?
  • ¿Las mujeres deben ser respetadas?
  • ¿Puede reírse del cuerpo de una mujer o de sus funciones corporales?
  • ¿Está bien lastimar físicamente a una mujer?
  • ¿Ella lo soportará solo para evitar una confrontación?
  • ¿En qué maneras una mujer es diferente a un hombre?
  • ¿La vergüenza impedirá que ella hable o haga algo cuando se sobrepasa?

Mamá, si tienes un hijo, tienes el privilegio de ser la primera en enseñarle las respuestas a estas preguntas.

Si tú no le enseñas, entonces puede que las aprenda, pero es probable que las aprenda por el dolor que ocasiona a través de años o décadas. Las que pagarán los platos rotos serán las señoritas que van a su universidad, con las que sale y la mujer con la que se casará.

Otras mujeres cosecharán las semillas que tú estás sembrando.

Y probablemente será una mujer a la que tú llegarás a amar y con quien desearás tener una relación.

Entonces, en vez de permitir que se salga con la suya haciendo cosas que sabes que son desagradables, dañinas, crueles y/o incómodas para los demás, enséñale:

  • Que no puede lastimar a personas sin notarlo y corregirlo.
  • Que esperas que se controle antes de que las cosas “vayan demasiado lejos”.
  • NO finjas sonrisas ni una “positividad” falsa sin importar cómo se comporte.
  • Dale sonrisas GENUINAS cuando hace las cosas que ameritan una sonrisa genuina.

Tu hijo necesita una mamá que esté comprometida a enseñarle lo que es VERDADERAMENTE bueno en su vida. Necesita que tú traces la línea que le enseña lo que es apropiado y bueno en su trato con los demás.

Por su propio bien y por el bien de las mujeres que se cruzarán por su camino, necesita que tú le detengas cuando cruce la línea, especialmente en cuanto a su fuerza física al lastimar a otros (¡incluyéndote a ti!).

Necesita escuchar que le digas cosas como:

  • Cuando le cambias el pañal: “No, no. A mami le duele cuando pateas su pancita” (aunque solamente sea solo un poco molesto y no duela mucho).
  • “No, no. No golpeamos. Somos amables” (el link es un video en inglés donde muestro cómo hago esto con mi hijo de 10 meses).
  • “No, NUNCA le pegamos a un bebé. Protegemos a los bebés. Somos tiernos con los pequeñitos”.
  • “Debes ser tierno con la cara de mami”.

(Todas estas cosas las he dicho docenas de veces, quizá centenas de veces.)

Mamá, tienes un rol central en (1) si tu hijo se convierte en un monstruo con las mujeres y con los que son (o algún día serán) más débiles que él o (2) si aprende a ser tierno y protector.

Por favor, no cargues con culpa por siempre, especialmente si estás pensando en hijos que ya crecieron. NO podemos controlar en qué se convierten nuestros hijos. Dios es soberano —nosotros no—.

PERO sí ejercemos una enorme influencia sobre cómo nuestros hijos ven el mundo. Para las que tenemos hijos en la casa todavía, PODEMOS usar nuestra posición como madres para moldear la actitud y perspectiva de nuestros hijos.

Esto no significa que no pueda “jugar” contigo (aquí hay otro video en inglés que contiene ideas para jugar en el hogar), pero cuando va en dirección (aunque sea solo un poco) de usar su fuerza física de una forma que te pudiera dañar si fuera más fuerte de lo que es ahora mismo, es tu responsabilidad detenerlo y enseñarle el dominio propio. (Es interesante que aunque el apóstol Pablo da largas listas para las mujeres jóvenes, los ancianos y las ancianas, el único mandato para los hombres jóvenes es que tengan dominio propio. Es la virtud que el hombre joven debe aprender primero para ser productivo en la sociedad y para las personas a su alrededor).

No es misericordia mirar en la dirección contraria y fingir una sonrisa falsa cuando te lastima.

Por su propio bien, necesita que le detengas y que no le permitas salirse con la suya cuando te lastima. Y esto se logra más fácilmente antes de que llegue a la edad cuando REALMENTE pueda lastimarte.

Cuando tu hijo está siendo físicamente imponente, no dejes que se salga con la suya.

NO dejes que tu hijo sea un monstruo.

  • Enséñale a controlarse.
  • Enséñale a ser amable, tierno y protector hacia los que un día estarán en esas categorías de personas que serán más débiles que él.
  • Enséñale que no puede usar su fuerza física para dominar a los demás.

Serás de bendición a los hermanos menores que pudiera tener, a ti misma en el futuro, a su esposa y al mundo. Él también será bendecido porque no será una amenaza. Lo habrás criado para ser un hombre controlado y decente que mira por el bien de los demás y no usa su fuerza en contra de los demás.

Esta es la oportunidad que tenemos de criar a maravillosos, crecientes, hijos llenos de testosterona.

Dios, ayúdanos aprovechar esta oportunidad y a ser fieles en nuestra labor como madres.


Jess Connell está casada con Doug —un amable hombre de fe, por quien alaba a Dios— desde hace 18 años. Tienen 9 hijos (con edades desde los 16 hasta 1 año). Educan en casa y pasan sus días juntos (lo cual es tanto difícil como bueno). En su ministerio como escritora y en su podcast Mom On Purpose [Mamá a propósito], anima a mujeres cristianas a indagar en la Escritura, ver la paternidad a largo plazo, y a invertir en la calidad y gozo de sus matrimonios.


Publicado originalmente en www.jessconnell.com. Este artículo ha sido traducido y usado con permiso.