Si pudiera, pasaría horas y horas preparando sermones. Hay pocas cosas que disfruto más que pasar el tiempo con la Palabra de Dios frente a mí, analizando cada oración, cada palabra, sumergiéndome en el océano de la voluntad revelada de Dios, descubriendo tesoros que no puedo esperar por compartir con la iglesia.

Pero no tengo horas ilimitadas.

Al igual que miles de pastores alrededor del mundo, mi tiempo es limitado. Es mi caso, tengo un trabajo de tiempo completo, doy clases de seminario, y predico regularmente en una nueva plantación de iglesia. A eso hay que añadir las responsabilidades familiares y ocupaciones misceláneas. Con todo eso, el sermón tiene que estar listo para ser predicado el domingo.

Si eres un pastor o líder de la iglesia que prepara sermones regularmente, y estás muy ocupado durante la semana, quisiera compartirte algunos consejos que he implementado para maximizar mi tiempo de estudio y preparación.

Por supuesto, estos son consejos. Cada expositor tiene diferentes hábitos de estudio. Por lo tanto, modifica lo que necesites de la manera que mejor se aplique a tu contexto.

Dale prioridad a tu tiempo de estudio

Si predicas expositivamente (y espero que lo hagas), necesitarás tiempo para estudiar cuidadosamente el pasaje que vas a predicar. La única manera para hacerlo es dándole prioridad al tiempo de estudio, incluso si tienes un trabajo de tiempo completo.

Cada semana es un nuevo reto. Siempre hay eventos que no estaban en nuestro calendario y toman tiempo. No importa cuánto planifiques tu semana, nunca saldrá exactamente como quieres. Por lo tanto es importante que reserves tu tiempo de estudio y lo uses para eso solamente, exceptuando alguna emergencia.

Quizá no puedas invertirle dos días enteros (como lo hacen algunos pastores que conozco y admiro), pero sí dos noches, o dos madrugadas. Al final, tendrás que sacrificar algo. ¡Asegúrate de que no sea el tiempo con tu familia!

Maximiza tu tiempo

Puesto que tu tiempo es limitado, úsalo cuidadosamente. “Aprovechando bien el tiempo”, diría Pablo (Ef. 5:16). El reconocido teólogo Gordon D. Fee recomienda cuatro horas con 50 minutos de estudio, sin contar el tiempo formulando el bosquejo.[1] En mi caso, paso 3-4 horas estudiando el pasaje y leyendo comentarios. Aunque me gustaría tomarme más tiempo, es el tiempo que tengo.

Dependiendo del texto, necesitarás una hora como mínimo para estudiarlo, de preferencia dos, e incluso tres si puedes.[2] En ese tiempo lee el texto, haz apuntes, estudia las palabras claves, encuentra el punto principal del pasaje, y llega a conclusiones en cuanto al significado del mismo. No te distraigas. Toma descansos cada hora para refrescar la mente, y regresa a la labor.

Una hora para leer comentarios será suficiente. Personalmente, leo tres o cuatro comentarios, cinco máximo, los mejores que pueda encontrar. Evito los comentarios devocionales y me concentro en los exegéticos. Tengo una práctica que he seguido por casi 10 años, y es comprar los tres mejores comentarios del libro que estoy predicando.[3] Si puedo comprar más, lo hago.

Puesto que escribo un bosquejo detallado, de unas 2,000 palabras, me toma unas tres horas terminarlo. Me aseguro de tener la proposición clara, una introducción, algunos puntos sencillos, transiciones entre cada punto, dos a tres ilustraciones, y una conclusión certera. El bosquejo, entonces, termina siendo una parte muy importante de mi tiempo de preparación. En el bosquejo ordeno mis pensamientos y decido lo que irá en el sermón y lo que no.

Haz trabajo profundo

Varios libros se han escrito sobre la importancia de hacer “trabajo profundo”.[4]

Desde hace algunos años entramos en la era de las notificaciones. Nuestros teléfonos celulares, computadoras, tabletas, y relojes inteligentes nos bombardean con notificaciones constantes que dividen nuestra atención. Cada vez es más difícil concentrarse.

Yo mismo necesito tomar la decisión consciente de enfocarme en el trabajo que estoy haciendo. De lo contrario, me distraigo fácilmente. Probablemente sea similar contigo. Si cuando suena tu celular sientes el deseo desesperado de ver de qué se trata y responder, tal vez tu cerebro ya ha sido condicionado a considerar las notificaciones de tu celular como prioridad, incluso por encima de la conversación que estés teniendo, o conducir el auto, o estudiar para el sermón.

Preparar un sermón necesita intensa concentración. Te recomiendo habilitar la opción de “no molestar” en tus dispositivos electrónicos por ese tiempo. Evita revisar tu correo o redes sociales, inclusive poniendo un horario para ello (por ejemplo, permítete revisar el celular solo por los últimos 10 minutos de cada hora).

Es increíble lo que puedes lograr cuando te concentras. El cerebro tiene una gran capacidad de enfoque, pero debe someterse a entrenamiento. Así como Pablo le pidió a Timoteo que se ejercitara para la piedad (1 Ti. 4:7), debemos ejercitar nuestro cerebro para la concentración.

Al final, las cosas que valen la pena son difíciles y requieren de tiempo. “Si fuera fácil, cualquiera lo haría”, dice mi padre. Eso me enseñó a no tomar atajos. Predicar es una labor sagrada y requiere de esfuerzo, concentración, tiempo, y dedicación. Seamos sabios, y proclamemos con poder la Palabra de verdad.


[1] Fee divide las horas de estudio así: (1) Lectura, traducción, y análisis inicial: 1 hora. (2) Estudio de contenido y palabras clave: 1 hora. (3) Estudio del contexto y género literario: 1 hora. (4) Lectura de comentarios y otro material: 40 minutos. (5) Estudio del pasaje en relación con toda la Biblia: 30 minutos. (6) Aplicación: 40 minutos. En total: 4 horas con 50 minutos. (New Testament Exegesis, p. 133-151).

[2] Si dominas las lenguas originales, probablemente pasarás una hora en traducción, o haciendo un bosquejo exegético.

[3] Si lees en inglés, la mejor página que conozco, que he usado por años, y que recomiendo ampliamente es: www.bestcommentaries.com

[4] Quizá el más famoso es Deep Work por Cal Newport.


Publicado originalmente en Coalición por el Evangelio. Este artículo ha sido usado con permiso.